Hemos caminado desiertos, cruzado unos cuantos mares, atado y desatado nudos marineros con la intención de aferrarnos a nuestros sueños y delirios de niños pequeños. En ocasiones incluso hemos temido naufragar en las fauces de nuestras propias quimeras. Pero, la ensoñación, es un arsenal contra la amenaza violenta de la realidad, una bomba de relojería onírica que no se puede parar una vez activada
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Madrid
14 Septiembre 2009